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Trastornos de Hiperactividad PDF Imprimir E-Mail
¿ES POSIBLE ERRADICAR EL TRASTORNO DE  HIPERACTIVIDAD SIN
NECESIDAD DE FÁRMACOS?

            El problema de la Hiperactividad es un titular periodístico recurrente y puesto a debate cada principio y cada final de curso académico, que siempre despierta perplejidad en nuestra sociedad desarrollada ante la falta de verdaderas explicaciones, y lo que es más preocupante, de soluciones.
    En los últimos años ha sido detectado y diagnosticado con alarmante frecuencia hasta tal punto que ya no hablamos de niños “moviditos”,“muy inquietos” o “traviesos” como decíamos no hace tanto, sino que nos hemos dado cuenta de que es un verdadero trastorno que está en la base del tan temido, tan llevado y tan traído “fracaso escolar”.
    Al conocerse mejor nos hemos damos cuenta de que está delante de nosotros con una mayor frecuencia y que ha ido abriéndose hueco cada vez con más insistencia en  nuestro entorno.
    .Un trastorno al que al principio se el dio un enfoque terapéutico psicológico, tratándose desde un enfoque conductual, es decir, que era un conducta equivocada que había que corregir, y que más recientemente viene siendo tratado como una enfermedad crónica utilizando la farmacología para paliar sus efectos.

¿Pero sería posible erradicar el trastorno?
¿Es posible no sólo paliar sus síntomas, sino acabar con la causa del problema?

    Efectivamente, sí. Los Institutos Fay vienen haciéndolo desde hace casi quince años, exclusivamente a través de terapias de Estimulación Sensorial y del Movimiento, particularizadas a cada caso. Estas se realizan doméstica y diariamente por los padres o familiares, que son formados y tutorizados, siendo el proceso controlado periódicamente  por este Centro Médico, Fisioterapéutico, Psicológico y de Formación que tiene su sede en la Comunidad de Madrid.
    
    En primer lugar hay que preguntarse si la Hiperactividad se manifiesta exclusivamente en niños, o si tiene una continuidad en la edad  adulta, que sí que la tiene, con lo que va a afectar a la persona durante toda su existencia, y por lo tanto a su proyecto de vida, que se verá apartado del proyecto  familiar común para el resto de los hermanos y  primos, y va a tener consecuencias no sólo para él y esa generación sino  también en las dos siguientes.

    Su incidencia demográfica es de al menos de entre el 5% y el 7% de la población total de cualquier país, y afecta casi el doble al género masculino que al femenino.    
    
    Pues bien, la Hiperactividad se define como un Trastorno de la Conducta con Origen Neurológico, es decir, que sus causas obedecen a problemas en el correcto funcionamiento de células cerebrales, neuronas y redes de ellas, en determinadas áreas de este órgano rector donde reside nuestro ser, cosa que se olvida inmediatamente y se pasa a tratar los síntomas de este trastorno y no las causas, que acabamos de definir.
 
    Este trastorno neurológico se caracteriza por una conducta con un Exceso de Actividad Motora,  asociada en casi todos los casos a Déficit de Atención.
    Cuando esto tiene lugar la persona se ve obligada a actuar de una manera  anómala involuntariamente, para compensar ese funcionamiento anormal de las áreas neurológicas afectadas, y conseguir estar, lo más próximo posible y como puede con los recursos que tiene, a la altura de la demanda del medio.
Ese comportamiento se caracteriza por no poder dejar de moverse sin ningún propósito definido, y no poder  fijar la atención en los detalles relevantes para la supervivencia y seguridad propia.

    Presenta problemas añadidos en el aprendizaje, con un bajo rendimiento escolar al aparecer con frecuencia asociado a problemas de lectoescritura, comprensión y capacidad de memorización, así como dificultad con el cálculo, y el razonamiento lógico y matemático.
    En la lectura suelen tener una comprensión baja, pronunciación no coincidente con las letras que leen, salto de líneas, palabras y letras.
    Manifiestan a menudo problemas en la estructuración espacial del texto, ordenación de las líneas así como en la ortografía, cometiendo errores graves, y suelen tener mala letra.
    Muestran problemas en la estructuración de la información, ya sea la que perciben a través de los sentidos, ya sea la que quieren comunicar.

    Si no se elimina a tiempo la persistencia de las  causas de este tipo de trastorno, se va sumando una progresiva baja autoestima, irritabilidad y violencia producida por la sensación de fracaso vital  que suele desembocar en agresividad familiar y social, desarrollándose en el 25% de los pacientes, conductas de adicción y abuso de estupefacientes así como actos delictivos contra las cosas y las personas.   

    En este cuadro los síntomas nunca aparecen en su totalidad, ni simultáneamente, ni con la misma intensidad, lo que hace que el abordamiento clásico sea confuso, disperso, errático y muy variado, pero sintomático. Es decir, intenta enfrentarse a cada uno de los síntomas, directamente y con un  enfoque conductual o medicamentoso, sin pararse a analizar cuáles son las verdaderas causas que producen toda esa variedad de manifestaciones.

    Recientemente se está produciendo una ofensiva medicamentosa a base de diferentes moléculas bioquímicas cuyo objetivo es calmar el estado de ansiedad que va  unido a este trastorno, para así hacer más socialmente llevadera la sintomatología. Aunque solo se logra cierto éxito en un porcentaje muy reducido, con efectos secundarios en el comportamiento frente a la comida y sus hábitos sociales, presentándose usualmente  una falta grave de apetito unida a bajadas apreciables de peso.

    La metodología que se aplica en los Institutos Fay, y que corrige este trastorno, está basada en lo que se conoce como la Ontogenia, que en lenguaje de calle es el proceso por el que todos los seres humanos sin excepción, tenemos que pasar obligatoriamente desde la concepción hasta los siete años aproximadamente, independientemente de otros factores como pueden ser los natales sociales, geográficos, culturales y otros.
    Este proceso va hacer posible la aparición en forma ordenada todas y cada una de las funciones que son necesarias y suficientes para poder llegar a expresar todo el potencial genético que traemos y tener todas las funciones que nos definen como seres  humanos.

    En ese espacio de tiempo de casi ocho años desde la concepción, nuestro cerebro que está constituido por una acumulación de áreas cerebrales provenientes de las diferentes etapas evolutivas por las que ha pasado nuestra  humanidad, se va activando y madurando ordenadamente dentro de un plan maestro que tiene una secuenciación programada y progresiva hasta la finalización de esa maduración necesaria.

Este proceso depende de tres requisitos determinantes.
Que se tenga una madre que produzca los estímulos sensoriales constantes y necesarios para que el proceso  avance, siendo suficiente cualquier madre con tal de que tenga una dedicación mínima. De ahí que un  gran número de niños que pasaron los primeros años de vida en orfanatos presenten problemas de maduración que en el caso de los adoptados suelen aparecer un año después de ser escolarizados.
Que el cerebro no tenga problemas genéticos que dificulten la funcionalidad de las neuronas, y por lo tanto el proceso de maduración.
Que el cerebro esté correctamente constituido y no tenga daños estructurales que limiten o impidan la capacidad de conexión de las neuronas.

    La actividad estimuladora de cualquier madre activa los sentidos, que actúan como traductores de lo que ocurre en el exterior, y así, a través de la red nerviosa llega al cerebro, fijándose neurológicamente la experiencia exterior mediante conexiones de unas neuronas con otras.
    Gracias a la frecuencia en la repetición de estímulos producidos por la madre, va aumentando en cantidad de neuronas, y lo más importante, la cantidad de  conexiones de cada una de ellas con el resto de las que componen la red. Y cuando llegan a ser suficientes, ese área cerebral produce obligatoriamente la función que trae encomendada, de acuerdo con ese plan evolutivo que todos llevamos grabado en nuestros genes.
    A titulo de ejemplo, un niño promedio cuando llega al año de edad sale andando espontáneamente para maravilla de su familia, sin tener que hacer ningún “master” en caminar.  
    
    Ahora bien, lo contrario a lo anterior también es verdad. Cuando un niño sobrepasa la edad promedio de expresión de una función neurológica y no la expresa, lo que está poniendo de relieve es que una o varias áreas cerebrales necesarias para producir esa función no han llegado a tener la suficiente cantidad de neuronas conectadas a las otras ni la cantidad de conexiones suficientes para producirla, pues si las tuviera sí producirían la función específica de la manera correcta.  
    Esto que parece obvio para cualquier persona común, no lo es en el campo de la neurología, ya que se ve obligada a apoyar sus diagnósticos sintomáticos en sistemas de resolución óptica, como son las Resonancias Magnéticas y los T.A.C.s, en los que no se ven áreas del tejido menores de un milímetro cúbico. Por lo que, en vez de decir que no se puede observar el problema por la insuficiente resolución de la tecnología del aparato, convienen en que todo está normal. Pero si el niño estuviera normal no se darían los problemas que los padres y los especialistas no médicos observan en sus hijos. ¿Entonces…?

En los Institutos Fay la manera de abordar el Trastorno de la Hiperactividad consiste en afirmar que la causa de este trastorno sí está oculta imperceptiblemente en una insuficiente organización neuronal de una o varias áreas cerebrales.
Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es encontrar cuáles son esas áreas afectadas mediante una valoración funcional, es decir valorando las funciones que cada una y todas ellas deben producir y que son necesarias para que puedan tener lugar organizaciones superiores. La limitación o ausencia de respuestas adecuadas pondrá de relieve las verdaderas causas del trastorno. Esa valoración de funciones se realiza jugando con el niño, lo que hace que sea agradable y divertida y no el suplicio exploratorio o de baterías de tests a que les tienen acostumbrados.

Cuando los resultados de esta valoración se vierten sobre un árbol gráfico que representa las funciones del desarrollo de la Organización Neurológica se puede apreciar cuales son las funciones, y por lo tanto las áreas cerebrales disfuncionantes que son la causa de los síntomas que presenta el paciente.
Las áreas situadas en estadios de organización primeros que no estén adecuadamente organizadas, ejercen una acción retardante o paralizante de aquellas superiores que necesitan para su propia organización de las primeras que todavía no lo están.

Con esa información se establece el diagnóstico funcional que es la causa del trastorno para ese caso en  particular, que se les explica de forma comprensible a los padres o familiares y de manera clara y precisa, evitando que se centren en los síntomas.

Esa misma información permite al Equipo del los Institutos Fay, constituido por médicos, psicólogos, fisioterapeutas y educadores, establecer cuáles son las acciones terapéuticas particulares más apropiadas para el caso único en cuestión.  
Dichas terapias estarán constituidas exclusivamente por estímulos sensoriales amables, no invasivos y portadores de información neurológica relevante, y siempre están diseñadas para acceder al área o áreas objeto del incremento de Organización Neuronal apropiada a través del sentido que mayor relación tenga con dicha área..     Gracias a la modulación de la frecuencia, intensidad y duración de cada estímulo, se consigue en tiempos biológicos adecuados, la organización de todas y cada una de las áreas en la secuencia base característica de nuestra humanidad.
Todas estas terapias están diseñadas para que cualquier persona sin formación especializada en este campo pueda ser siempre excelente y perfecta en su realización.

El programa multisensorial de estímulos y movimientos organizativos no se aplica en nuestro Centro, sino en casa de cada paciente durante un espacio de tiempo diario no excesivo, desarrollado por los mejores y más dedicados agentes estimuladores que puede tener un ser humano, que en primer lugar es siempre su madre, o su padre y familiares más próximos o cuidadores.
Cada dos meses y medio aproximadamente, los padres acuden al Centro donde se valoran otra vez todos los parámetros funcionales esenciales de esa Organización Neurológica, se establecen diagnósticos funcionales nuevos según los avances conseguidos, se diseñan nuevas estrategias terapéuticas y se forma a los familiares o cuidadores en la realización de forma excelente en aquellas que sean novedosas para ellos y para su caso.  

           Correctamente aplicado y realizado este programa de terapias de Estimulación Sensorial con la constancia y dedicación adecuada, se logra que en un plazo más o menos de entre dos y tres años, según el caso, el niño logre madurar su sistema neurológico al potenciar su red neuronal con un mayor número de neuronas y conexiones de cada una con las del resto de la red.
Al ir creciendo estas redes, las funciones que no estaban presentes en las primeras valoraciones realizadas, aparecerán por fin, y las que ya estaban presentes pero inmaduras, mejorarán y acabarán apareciendo maduras en la misma secuencia y forma espontánea maravillosa en la que aparecen en un niño promedio. Al mismo tiempo van desapareciendo gradualmente aquellos sistemas compensatorios que definen a la Hiperactividad y que no tienen más finalidad que enmascarar disfunciones graves.

Por todo lo anterior podemos decir que finalizado el tratamiento, los problemas de hiperactividad, déficit de atención y los asociados a ellos de lectoescritura y aprendizaje, así como los conductuales, habrán desaparecido para siempre, pues habremos actuado con eficacia sobre las causas, no sobre los síntomas, abordaje, el de la sintomatología, que sólo consigue enmascarar o mejorar ficticia y transitoriamente la hiperactividad, pero nunca con la profundidad eficiencia y perfección que la Metodología Fay proporciona, como ya hemos explicado, en el tratamiento de este trastorno tan extendido.
    
Carlos Gardeta Oliveros. Director Institutos Fay. Noviembre 2.008